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lunes, 12 de octubre de 2015

HERCULES EL FUNDADOR DE SEVILLA

 
Nos trasladamos al año 1000 antes de Jesucristo cuando llegaron los primeros navegantes fenicios a España. Venían surcando el mar Mediterráneo, habiendo costeado el Norte de África, donde aprendieron la religión egipcia y donde fundaron una colonia, cerca de la actual Túnez, a la que dieron el nombre de Kar-tago, que significa Ciudad Nueva. Desde ahí continuaron progresando en sus periplos, acercándose cada vez más al Estrecho de Gibraltar, el cual al principio no osaban pasar, por el miedo que sentían todos los antiguos al océano desconocido, el Atlántico.
Fue el navegante Melkart quien desafiando las corrientes de Gibraltar, decide pasar con su baro.
Después de encontrar el océano Atlántico, siguió costeando hacia el Norte, hasta que encontró la desembocadura del Guadalquivir. Decide remontar el río, hasta llegar al lugar que hoy ocupa Sevilla. Aquí, en un islote formado entre dos brazos del río, encontró sitio para fundar una factoría comercial.
Melkart, el navegante, no solamente estableció aquí la primera factoría comercial fenicia a la que dio el nombre de Hispalis que en idioma fenicio parece significar «llanura junto a un río», sino que además consiguió mediante tratados, y mediante incursiones armadas, apoderarse del monopolio de las pieles y cueros de Andalucía, probablemente enseñando a los indígenas turdetanos a capturar y matar los infinitos toros bravos que ocupaban los montes y llanos de la región, sometiendo al rey de los turdetanos, llamado Gerión, a quien impuso además de una servidumbre comercial, el cambio de la religión primitiva que profesaban los turdetanos, por la nueva religión egipcia.
Hasta aquí los hechos tal como ocurrieron. Más tarde, sobre esta base real se formó la leyenda. Melkart cuando murió, fue declarado por los egipcios y fenicios como héroe, santo, y dios, cambiándose luego su nombre de Melkart, por el de Herakles, y entre los latinos por Hércules.
Es natural que se le considerase héroe, puesto que había sido el primero en atreverse a una navegación por un océano desconocido que se suponía lleno de maleficios y peligros. Es natural que se le considerase santo y dios, por haber llevado una religión, a unos pueblos salvajes.
En realidad los fenicios se comportaron exactamente igual que se han comportado los pueblos posteriores, y así nosotros los españoles hemos considerado héroes a los audaces descubridores de América, que fundaron ciudades en México o en Perú, y les hemos reconocido virtudes piadosas, por haber llevado nuestra religión cristiana a los indios salvajes del Nuevo Mundo. No han faltado repetidas proposiciones e intentos, para canonizar a Cristóbal Colón como santo, por haber sido el iniciador de la cristianización de América, y aun hoy se está promoviendo por ese motivo la causa de santidad en favor de la reina Isabel la Católica, por haber patrocinado el descubrimiento de América, que duplicó el ámbito de la cristiandad.
Pues del mismo modo fue como Melkart, llamado Herakles y Hércules, subió a los altares de la mitología clásica.
Después, los poetas y los autores de tragedias, en Grecia y Roma, inventaron, con sucesos auténticos de su vida, las leyendas de Los doce trabajos de Hércules entre los cuales figuran, más o menos embellecidos, «el haber roto las montañas que unían África y España», lo que significa simbólicamente el haber forzado el paso del Estrecho, derribando los mitos y temores, y convirtiendo en «Plus Ultra» lo que hasta entonces había sido «Non plus Ultra». Y otro suceso, el de haberse apoderado del mercado de cueros y pieles de toros, que enriqueció el comercio fenicio, se convierte en la leyenda de que «limpió los establos del rey Gerión, y domesticó a los toros feroces».
Sevilla, a través de todos los historiadores y cronistas, ha reconocido siempre, y reconoce a Hércules como fundador de la ciudad. Por esto, encontramos su estatua colocada en los lugares públicos, y en el puesto de honor de los padres de la patria. Así, en el arquillo del Ayuntamiento, la estatua de Hércules es la primera. Y cuando el insigne asistente de la ciudad, don Francisco de Zapata y Cisneros, conde de Barajas, construyó el paseo de la Alameda, puso en él, rematando una de las columnas traídas del templo de la calle Mármoles al nuevo paseo, la estatua de Hércules, fundador de Sevilla, y dio, precisamente su nombre al lugar, que desde entonces se llama Alameda de Hércules.

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