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jueves, 12 de enero de 2017

LA CALLE SIERPES (II): HISTORIA

Ya hemos visto en el capitulo anterior cual pudo ser el origen del nombre de la calle. En esta capitulo quiero que conozcamos un poco su historia, quienes la habitaron y como fue evolucionando a lo largo del tiempo hasta llegar a la calle que todos conocemos y por la que hoy podemos pasear

También vimos en el capítulo anterior, que el primer topónimo con el que se conoce la calle  tras la reconquista de la ciudad por Fernando III fue la de calle  Espadero, ya que fue este gremio la que la habitó. Que en época de los Reyes Católicos es conocida con ambos nombre y como despues de algunas transformaciones en su nombre  paso de llamarse  la Calle de la Sierpe a llamarse calle Sierpes. 

Pues empecemos a situarla donde se encuentra en la ciudad. Esta calle pertenece al distrito municipal del casco antiguo de la ciudad y va desde la Campana hasta la Plaza de San Francisco. Próximo nos encontramos el Excmo. Ayuntamiento de la ciudad y no muy lejos la Sevilla monumental, con la Avda. de la Constitución, La Catedral, El Alcazar, El Archivo de Indias o la Iglesia del Divino Salvador. Tampoco hay mucho trayecto para llegar al río y cruzarlo por su Puente de Isabel II para llegar al arrabal mas antiguo de la ciudad y mundialmente conocido barrio de Triana.



Pero para conocer la calle Sierpes de hoy, empezaré trasladandome al 1771, con los planos y la división urbanística que se le encarga a Pablo de Olavide. En ellos vemos que en la misma calle Sierpes aparecen dos zona a la que se le conocía con nombre propio.


 La primera es la formada por la confluencia con la calle Rioja. En dichos planos vemos que se le conoce con el nombre de la Cruz de Cerrajería. El origen de este nombre se debe a que en ella se econtraba una cruz de hierro, realizada en 1692 por Sebastián Conde y que fue a sustituir otra del siglo XIV.


Esta cruz era necesario demontarla cada vez que se celebraba algún cortejo oficial, hasta que en 1840 se desmonta definitivamente, para terminar montándose en la plaza de Santa Cruz, como podemos ver en la imgaen. Con posterioridad y  una vez desmontada la cruz pasó a llamarse Plaza de la Cruz de Cerrajería.

Plaza de la Cruz de Cerrajería, según los planos de Pablo de Olavide 1771
La segunda es la que forma la confluencia de la calle Sierpes con Sagasta y Jovellanos. En ella aparece que desde mediados del S XVIII se le conocía como las Cuatro Esquinas y posteriormente las Cuatro Esquina de San José, nombre dado por la proximidad de la capilla de San José allí existente.




La calle era estrecha y muy sinuosa hasta que en 1854 cuando se ordena la ejecución del primer proyecto de ensanche y alineación de las fachadas. A este proyecto le siguieron otros en 1860, 1873, 1890, 1911, 1926, 1931 y finalmente el de 1941 al que le afectó a la manzana formada por las calles Sierpes, Almirante Bonifaz, General Polavieja y Granada y así conseguir la alineación que existe en nuestros dias.

Como ya hemos visto el origen de la calle fue la desecación de un brazo del Guadalquivir que iba desde la Alameda de Hércules hasta la desaparecida Puerta del Arenal, donde desembocaba en el río principal. Es por ello que la cota de la calle es muy baja y por lo que en multitud de ocasiones se inundaba, llegando a ser intransitable. Así se recoge en 1729 una protesta vecinal tras la retirada de unas pasaderas existente.

En el S. XVIII aun era permitido tirar libremente aguas fétidas a la calle, que corría hacia la campana. En 1850 es aprobado la construcción de unas cloacas en el tramo entre La Campana y Pedro Caravaca, obras que finalizaron en 1878.

Siempre se ha tratado de una calle de mucho tránsito de personas, por ello la pavimentación de la calle ha sido una empresa prioritaria para los distintos gobernantes de la ciudad. Por lo que podemos encontrar documentación de que en 1522 el firme se encontraba enladrillado para facilitar su tránsito. En 1597 se empiedra por primera vez. En hechos como el Corpus Christi, el desfile del Estandarte Real en 1666 o la venida de Carlos V a la ciudad en 1790, eran ocasiones para limpiar y reparar la zonas defectuosas o empedrar la calle de nuevo.

En 1892 se acuerda adoquinar la calle y en 1904 de cubrirlo con una capa de cemento. En 1948 se aprueba pavimentarla con  una losa de cemento y en 1973 se realiza una obra de pavimentación y reinstalación de las instalaciones de agua, alcantarillado, etc. Hasta que no hace mucho se pavimentó con la solería que vemos en la actualidad.

El origen del alumbrado lo encontramos con la instalación en 1854 de unas farolas a gas, renovadas en 1888. Le primera iluminación con energía electrica la encontramos para el transcurrir de la Semana Santa de 1894, en la que se instalan unos focos a lo largo de la calle.


De las construcciones ya desaparecidas, destacaremos la antigua cárcel, que desde época medieval logró sobrevivir gracias a las múltiples reformas realizadas en ella. Allí estuvieron presos Miguel de Cervantes y Mateos Alemán. 

El nuevo edificio que se construyó tuvo multiples uso, baños públicos, hostal, café, hasta nuestro día que es propiedad de una entidad bancaria.

En la fachada del edificio nos encontramos una lápida montada en 1905 por la Real Academia de las Buenas Letras, en la que nos recuerda que allí estuvo preso Cervantes.


También vemos en la fachada un azulejo de Gonzalo Bilbao, donde se representa la entrada principal de la antigua cárcel. Este azulejo fue encargado en 1934 por el Banco Central Hispano propietario de por entonces del edificio.


 A los largo de los S. XVI y XVII proliferan el asentamiento de varias ordenes religiosas en la calle. La primera que destacamos, asentadas en el primer tramo de la banda de los impares, es la orden de monjas dominicas de Pasión. En 1838 tras la exclaustración realizada por Mendizabal, se instala la primera litografía que existió en Sevilla, introducida por Vicente Mamerto Casajus y Espinosa. Así nos lo recuerda un azulejo montado por la Asociación de Comerciante de Sierpes el 1 de Junio de 1986


A principio del S. SVII se instalan los padres agustinos, en la esquina con la calle Pedro Caravaca, para crear el convento de San Acacio. Tras las expulsión por los franceses, fue ocupado por la Academia de las tres Nobles Artes, posteriormente por la biblioteca municipal y seguidamente por las oficinas de Correos. Hoy es la sede del Real Circulo de Labradores y Propietarios de Sevilla


También fue sede de la Hermandad del Gran Poder entre 1696 y 1703, como así podemos ver en un azulejo recordatorio instalado en 2001

 A la altura de la c/ Rioja, se encontraba el convento de Nuestra Señora de Consolación de las monjas mínimas de San Francisco de Paula. Las monjas mínimas sufrieron también la exclaustración de Mendizabal, pasando a ser la sede del Círculo de la República Federal y mas tarde el Cine Llorens

Un último habitante del S. XVI que querría destacar fue el famoso Dr. Nicolás Monardes y Alfaro y su jardín botánico, como así nos lo recuerda el azulejo montado por acuerdo del Excmo. Ayuntamiento de Sevilla en la casa del nº 19, el 10 de Octubre de 1988, para conmemorar el cuarto centenario de su muerte.



El denominador común de esta calle a lo largo del tiempo es su dedicación al comercio y a la artesanía. Ya en el S. XV se encontraban un gran número de talleres de espaderos y herreros. En los S. XVI y XVII econtramos talleres de artesanos dedicados al calzado, guarnicioneros y talabarteros, espaderos y cuchilleros, cerrajeros e impresores y fabricantes de naipes. De ahí que Cervantes hace referencia a Pierre Papín y su tienda de naipes. Además en el S. XVIII las ordenanzas establecen el asentamiento del gremio de los plateros.

Ya en el S. XIX se produce un cambio en las actividades desarrolladas en la calle, desapareciendo los talleres artesanales y dando paso al comercio como hoy lo conocemos. Entre estos podemos destacar algunos que bien han desaparecidos recientemente o que aun existen, la Papelería Ferrer del 1856, la confitería La Campana de 1885. Algo posteriores son el Cronómetro, fundada en 1901, la sombrería Maquedano, del 1910, casa Rubio, dedicada a la venta de paraguas y abanicos o Deportes Z.




En este siglo también adquieren importancia la hostelería. Se abren varias fondas y hoteles y proliferan los cafés y los centros de tertulias políticas y literarias.


Es a partir de los años 60 del S. XX que se transforma el ambiente, pasando a ser una calle puramente comerical y mercantil y cada vez menos residencial y de ocio.

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